EL SORGE COMO PROPUESTA DE HUMANIZACIÓN EN EL CUIDADO

Florentino Nieto Franco, José María Santamaría García.

Grupo de investigación MISKC. Departamento de Ciencias de la Computación. Escuela Politécnica Superior. Campus Científico - Tecnológico. Universidad de Alcalá. Ctra. Madrid-Barcelona, Km. 33,600


Resumen: El tema a tratar en las siguientes líneas de este texto estriba en las argumentaciones acerca de la visión humanizadora del cuidado en el ámbito sanitario más allá de un elemento estético marcado implícitamente en el continuum de la realidad del profesional sanitario como persona que cuida al otro. Son estos conceptos metaparadigmáticos, cuidado y persona, relacionados con su entorno, los que deben suscitar el centro de interés de toda actividad del profesional sanitario. Es tal su trascendencia, que se invita al lector a aproximarse y reflexionar acerca de la significación ontológica que subyace tras la misma, y que permitirá dar respuesta a la siguiente cuestión: ¿Qué es y qué no es un cuidado humanizado?

Palabras clave: Humanización; Cuidado; Filosofía; Existencialismo;

Abstract: The issue that concerns along the following lines of this text lies behind the arguments about the humanizing view of care in the helath sector beyond an aesthetic element implicitily marked along the continuum of the healthcare professional reality like person that provides care to another. These metaparadigmatic concepts, care and person related to their environment, must arouse all the interest of the health professional activity. It’s such important, that the reader is invited to approach and reflect about the ontological significance that underlies it. This will allow to answer the following question: What is and what is not a humanized care?

Key words: Humanization, Care, Philosophy, Existentialism.


Nieto Franco, F. Santamaría García, JM. EL SORGE COMO PROPUESTA DE HUMANIZACIÓN EN EL CUIDADO. ENE, Revista de Enfermería. v. 10, n. 3, dic 2016. ISSN 1988 - 348X. Disponible en http://ene-enfermeria.org/ojs


1. INTRODUCCIÓN

Se parte de la premisa de que el campo de estudio de la Enfermería se encuadra en el metaparadigma del cuidado, siendo sus fenómenos de estudio la persona, la salud, el entorno y la Enfermería (1).

Es una realidad la existencia aquí de un estrecho vínculo entre la persona (ser humano) y el cuidado. Por lo tanto, no cabría esperar otra cosa que no fuera un compromiso de interiorización del profesional y la Enfermería del siglo XXI, el reto de la "humanización en el cuidado", pues de lo contrario, como tal, perdería todo su sentido.

Es por ello, que para arrojar luz a la cuestión que nos ocupa acerca de qué es o no el cuidado humanizado, es preciso conocer cuál es el significado y la interrelación existente entre ambos conceptos.


2. ESTADO DEL ARTE

2.1. Aproximación al concepto de humanización

Se recurre de nuevo al conocimiento que aporta la RAE para definir el concepto de humanización y construir a partir de ello un relato acerca del mismo.

Humanización se define como la "acción y efecto de humanizar o humanizarse" (2).

Humanizar es "hacer humano, familiar y afable a alguien o algo", y humano "dicho de un ser: que tiene naturaleza de hombre" (2).

Llegados a esta definición, se antoja preciso retomar y reflexionar acerca de la propia naturaleza de este ser (humano) entre otras, por las crecientes posibilidades de interacción técnica sobre el propio ser humano (3).

Es por ello, y dado que la ontología es la rama de la filosofía que estudia el ser, se planteará una aproximación a una caracterización ontológica de la condición humana a través de varios de los filósofos más relevantes de la Historia.

2.1.1. Evolución ontológica del ser humano: su concepción en el pensamiento de la Antigüedad

En la Antigüedad se destaca en los dos pensadores más relevantes, Platón y Aristóteles, una efectiva afirmación de la naturaleza humana.

Platón (427 – 327 a.C.) establecerá (a grandes rasgos), con el propósito de superar el escepticismo acerca de la realidad impregnado en el pensamiento sofista, un sistema dualista de la realidad dividido en los ya conocidos mundo sensible y mundo Inteligible, lo que se verá trasladado en la propia concepción de la esencia del ser humano respectivamente en una estructura dual de cuerpo y alma, unidos accidentalmente (4). Platón se refiere al cuidado de sí como al precepto de conocerse a sí mismo, y conociéndonos a nosotros, la manera de cuidarnos mejor. De esta forma, también se apreciará en los epicúreos y estoicos que ocuparse de sí, será a la vez hacerlo de alma y cuerpo (5).

Por su parte, su discípulo Aristóteles (384 – 322 a.C.), defenderá también que hay una serie de elementos constitutivos de la naturaleza humana integrados en una unidad, es decir, en un compuesto hilemórfico coexistente por necesidad de Materia y Forma (4). Como ser vivo, una de sus funciones del ser humano será la de sobrevivir. Además (y como diferenciación del resto de estos seres) constará de aspectos racionales (Logos) y sociales, como el telos a la Eudaimonía en el marco de lo común (4). En su ética, podemos identificar que Aristóteles identifica al cuidado de sí con el concepto de Areté (Virtud), relacionado con: el Hábito (el cual podríamos identificar con el componente fáctico), el Término Medio (con el componente volitivo) y la Frónesis o Prudencia (con el componente racional). Todos ellos necesarios para alcanzar el propósito al que tiende el ser humano, la Eudaimonía (Felicidad), entendida como autorrealización, racionalidad y plenitud (4).

2.1.2. Paralelismo de la concepción del ser humano en el Medievo

En la Edad Media, las líneas de pensamiento platónico y aristotélico continuaron afirmando la idea de que existe una naturaleza humana. Desde una óptica general, dicha naturaleza se ve afirmada y reforzada por la idea de un Dios y la creación de un hombre a su imagen y semejanza (4).

San Agustín (354 – 430 d.C.) continúa con la visión antropológica dualista de cuerpo y alma de Platón, donde el alma está próxima a Dios y el cuerpo al pecado. Asimismo, uno de los rasgos característicos del ser humano será la libertad. Ésta, frente al libre albedrío, tendería al Bien, y por lo tanto a Dios (4). Para San Agustín el cuidado tendrá que ver con un sentido fáctico, de trabajo sobre sí mismo, reduciendo a la servidumbre el cuerpo por el que le obliga a pasar la necesidad (por ejemplo, la transición entre el hambre y la saciedad). El cuidado del cuerpo debería de responder a ésta y no a los deleites concupiscentes que no son otra cosa que tentación (6), dado que el ser humano está sujeto a tentación sobre la Tierra (está "enfermo"), mientras que Dios es su "médico" (7). Solamente el alma podrá encargarse de la cura y el cuidado.

Santo Tomás (1225 – 1274 d.C.), por su parte recoge la idea del hilemorfismo de la Sustancia y del ser humano de Aristóteles, y distingue entre existencia y esencia (siendo ésta contingente, ya que la única existencia necesaria de por sí es la de Dios). Atendiendo a la ética plasmada en su filosofía, aboga por una Ley Natural universal, inmutable e indefinible. En este tipo de inclinaciones se puede enmarcar el cuidado en tanto que es relativa de su propia naturaleza (4,8).

2.1.3. El surgir del Racionalismo y el dualismo antropológico en la Edad Moderna

A partir de la Edad Moderna, con la filosofía racionalista de Descartes (1596 – 1650), la metafísica, y por lo tanto la ontología comienza a depender de y fundamentarse en la epistemología, se da una preponderancia a la razón del sujeto que conoce.

Sin embargo, hereda la concepción dualista heredada de la Antigüedad, aunque introduciendo cambios sustanciales que son ya eminentemente modernos. El hombre estará formado por un compuesto separable, aunque unidos y en interacción por medio de la glándula pineal, de cuerpo o Res Extensa, sujeto al determinismo y mecanicismo; y alma o Res Cogitans, cuyas características son la razón y la voluntad, siendo ésta la parte que posibilita la libertad. El atributo de ésta es el pensamiento, el cual se forja sobre las ideas en el "yo" que pueden ser innatas, adventicias o facticias (4).

2.1.4. Idealismo trascendental: Análisis Kantiano

Al racionalismo de Descartes le surge un movimiento contrario, el empirismo, teniendo como una de sus principales figuras a David Hume (1711 – 1776). Esta corriente tiene como principal cuestión a tratar el conocimiento del ser humano, siendo en la conciencia de éste donde se da el ser de las cosas; es decir, que el conocimiento se funda en la experiencia o la percepción, lo que les lleva a negar, por ejemplo, la existencia de ideas innatas (4).

Tratando de conciliar estas dos corrientes, simplificadas en este texto bajo las figuras de Descartes y Hume, aparece el idealismo trascendental de I. Kant (1724 – 1804), quien en su pregunta por qué es el hombre, tratará de responder consecuentemente a otras tres preguntas: ¿Qué puedo conocer? ¿Qué debo hacer? ¿Qué me cabe esperar? (4).

En su Crítica de la Razón Pura su afirmación de que "Sólo podemos concebir dos clases de causalidad en relación con lo que sucede: la que deriva de la naturaleza y la que procede de la libertad" nos sugiere que naturaleza y ley moral deben ser propios (3). Esto se verá plasmado en su Crítica de la Razón Práctica, concretamente en las tres proposiciones del Imperativo Categórico en el que se basarán los códigos deontológicos de las profesiones sanitarias.

2.1.5. Edad Contemporánea, la separación del idealismo: El positivismo

Posterior a él, en la Edad contemporánea, tiene su origen de la mano del filósofo francés Auguste Comte (1798 – 1857) la corriente del positivismo. Este sistema filosófico únicamente admite el método experimental como válido, rechazando toda noción a priori y todo concepto universal y absoluto. De manera que los conceptos intangibles o metafísicos son rechazados. Así, Comte postula que todo conocimiento válido debe tener sus pilares asentados sobre la experiencia (los hechos) y no sobre "mitos" teológicos o metafísicos, siendo ésta la línea directriz válida para el avance científico-técnico (4).

2.1.6. Edad Contemporánea, la separación del idealismo: La fenomenología

M. Heidegger (1889-1976), filósofo alemán, considerado uno de los máximos exponentes filosóficos del siglo XX (4), retomará la pregunta por la Metafísica, y, para bien o para mal, ésta estará directamente ligada a una reflexión sobre la condición humana. Heidegger afirma que todo conocimiento del ser humano, y por lo tanto también desde la mirada del profesional sanitario, debería de ser planteado.

Para ello se centrará en desarrollar una ontología fundamental acerca del sentido del ser. En el marco en que desarrolla su filosofía se encuentra: la fenomenología de Husserl, la hermenéutica, el existencialismo y la cuestión del tiempo histórico recogido por Dilthey y Hegel (4, 9).

Recurre a la fenomenología como método para analizar los fenómenos, en un sentido ya no kantiano, sino en tanto el modo en cómo se dan las cosas a la conciencia. Para Heidegger será importante la mediación entre sujeto que conoce y objeto por conocer, superando así al idealismo y al racionalismo de corte cartesiano. La fenomenología deberá tratar de "hacer ver desde sí mismo aquello que se muestra, y hacerlo ver tal como se muestra desde sí mismo", se deberá de encargar de lo que regularmente se muestra, pero queda oculto en lo inmediato. Dado que requiere de interpretación, dado que lo que todo lo que se muestra lo hace a partir de una comprensión previa, la fenomenología ha de también ser hermenéutica o interpretación (4, 9).

Llegados a este punto, realiza una analítica ontológica/existenciaria del ser humano, Da-sein, en tanto que es el ser en cuyo ser/existencia está el de preguntarse por el sentido del Ser (4), analizándose en el apartado de resultados.

En su Carta sobre el humanismo, Heidegger sostiene que todos los humanismos se han basado en metafísica, atribuyendo la esencia más universal del ser humano la razón. Sin embargo, la metafísica olvidó de preguntarse en qué modo la esencia del hombre pertenece a la verdad del ser, y por lo tanto su esencia ha recibido una consideración reduccionista y que por lo tanto no experimentan su auténtica dignidad. Esto es bien apreciado por el dominio técnico, que se encarga de ocultar la esencia del hombre. Heidegger identificará que la auténtica esencia del hombre reside en su existencia, entendida no como realidad efectiva, sino como posibilidad (10).

2.2. Aproximación al concepto de cuidado

En líneas previas ha quedado plasmado que el cuidado está inevitablemente presente en varios filósofos. También se puede apreciar que se pueden encontrar paralelismos entre la filosofía de algunos de los mencionados autores y el prisma desde el que se aborda el cuidado en diversas maestras enfermeras según el paradigma en el que se enmarca su conocimiento acerca del mismo.

En la disciplina Enfermera, ligado al positivismo, se encuentra el paradigma de la categorización que entiende a la persona como la suma de sus partes, siendo el entorno controlable y siendo la salud no otra cosa que la ausencia de enfermedad (1). Pertenece a este paradigma Florence Nightingale (1820 – 1910), que, con su formación estadística, describió la influencia del ambiente sobre la muerte de los soldados en la guerra de Crimea (11).

También, en el paradigma de la integración encontramos retazos del positivismo por ejemplo en la escuela de las Necesidades en Virginia Henderson (1897 – 1996), con la categorización de catorce necesidades básicas sobre las que se debería basar la atención enfermera, o en los Requisitos de Autocuidado Universal de la Teoría del Autocuidado de D. Orem (1914 – 2007) (12).

Se hace patente en las profesiones sanitarias actualmente la herencia de esta forma de pensamiento positivista, en tanto que la enseñanza imperante en los estudios de Grado está fragmentada, y enfocada a la condición biológica del ser humano, los procedimientos técnicos y las intervenciones dirigidas a la supresión o mitigación de la enfermedad exclusivamente.

Con esta forma de pensamiento que guía unas intervenciones orientadas únicamente hacia la supresión o mitigación de la enfermedad, de "producir una separación física del mal", como diría la maestra Collière (1930 – 2005), se corre el "riesgo de no poner atención en lo que aún vive, en la que puede hacer vivir, en lo que da sentido a la vida" (13).

De manera que bajo el halo de luz que arroja al cuidado esta posición epistemológica, se antoja difícil defender que se pueda hablar de humanización del cuidado. Sería una posición de cuidar como un no-ser-enfermero de una persona enferma (14).

Dentro de la disciplina enfermera, un posicionamiento del concepto de persona más cercano al existencialismo, es propuesto por algunas maestras, como por ejemplo:

Los conceptos de ser humano unitario entendido como campo de energía junto con su entorno y el establecimiento de una relación helicoidal en la teoría de M. Rogers (1914 – 1994) (12).

Así mismo, de una manera que podría ser considerada fenomenológica, la persona es inconcebible sin considerar su propia cultura, tal y como propone M. Leininger (1925 – 2012) en su teoría del sol naciente (12).

También, una definición existencialista del cuidado la aporta la maestra M. F. Collière como "un acto de mantener la vida asegurando la satisfacción de un conjunto de necesidades indispensables, pero que son diversas en manifestación. Las diferentes posibilidades de responder a estas necesidades vitales crean e instauran hábitos de vida propios de cada grupo o persona" (13).


3. MATERIAL Y MÉTODO

A partir de ello, se propuso como objetivo general: "Analizar el significado Ontológico del Sorge desde la filosofía de Heidegger", y como específicos:

· Analizar los existenciarios del Dasein

· Analizar el existenciario Sorge

· Establecer la correlación entre el Dasein y el Sorge y su implicación en una atención humanizadora de la asistencia por parte del profesional sanitario.

La metodología empleada para ello fue la adquisición del conocimiento mediante: extracción del conocimiento y educción del mismo mediante entrevista con expertos.


4. RESULTADOS

Hasta ahora, la pregunta que giraba en torno al ser humano era "qué es", sin embargo, también cabría preguntarse por "qué/cómo es la vida humana". Es por ello que, en su planteamiento ontológico fundamental, Heidegger realiza una analítica de la estructura del Dasein, recogiendo una serie de existenciarios que le caracterizan (4, 9).

El Dasein es ser-en-el-mundo, lo que determina la forma cotidiana de coestar y ser sí mismo en el mundo, lugar de comprensión del ser, entendido como habitar en un entramado de relaciones (4, 9). Su forma de existir en el mundo, es el encontrarse arrojado, un ser-ahí, lo cual le permite vivenciar diversas emociones. Entre ellas destacaríamos la angustia, entendida como falta de sentido del mundo en su totalidad. Sin embargo, esto mismo posibilitará la apertura al mundo y a la pregunta por el Ser. Se trata de una posición de inquietud por desvelar el ser-aquí de "sí mismo" (4, 9). Esta angustia, posibilita que el Dasein se dé cuenta de que tiene toda la vida por delante para comprender, siempre en función de lo que previamente comprende de sí y del mundo. Por ello, es proyecto (4, 9). En este arrojarse al mundo existen dos posibilidades de proyecto: la vida inauténtica, el no estar abierto al mundo, en el que todo está pre-determinado y se asumen los proyectos que no son propios. Por otro lado, la vida auténtica, en el que el ser humano asume las posibilidades como propias. Ésta última solamente es posible si el Dasein se comprende como un ser para la muerte y experimenta su existencia como cuidado (4, 9). Este modo auténtico, a su vez, requiere de comprensión: entendida como el mostrarse, para lo que se requiere de una comprensión previa (prejuicio) y una desvelación de los entes intramundanos, junto a los que nos proyectamos y actúan como instrumento para dicho proyecto, a lo que denomina manejabilidad, el "ser-a-la-mano" (4, 9).

El discurso forma otro existenciario, para lo que se requiere que la mencionada comprensión se dé a priori, se articule mediante el lenguaje, ("la morada del Ser"). Posteriormente, y siempre gracias a lo anterior, se elaborará el conocimiento, que será para Heidegger entendido como desvelamiento, siempre que se haya seguido este esquema, partiendo desde el estar abierto (4, 9).

Podríamos decir que todo aquello que permite la existencia de la persona es cuidado, incluso lo innato o instintivo (15). Y que en función de cómo la persona es consciente de su propia existencia más potente será su postura respecto al cuidado. Asimismo, Heidegger nos propone que la concepción del tiempo es fundamental para la comprensión del Dasein y su existencia, tener en cuenta su presente (presenciar), pasado (retener) y futuro (anticipar) (16). Por lo tanto, el propio cuidado del Dasein se desarrolla en un tiempo (15).

Este conjunto de existenciarios del Dasein son revelados y se les dota de significado gracias al cuidado, cure, cura o Sorge, palabra alemana que Heidegger emplea para referirse a "cuidar de" y "velar por" (9). En definitiva, el cuidado es aquel existenciario que recoge, agrupa y sintetiza todos los demás.


5. DISCUSIÓN

Con este artículo se pretende que el pensar en la humanización del cuidado trascienda más allá de producir un efecto con una utilidad para un determinado colectivo, en vez de llevar a cabo en tanto que buscar, plantearse, asentar unas bases o reflexionar acerca de la propia esencia de a lo que realmente se está refiriendo cuando se aborda este tema. Este último propósito es el que se ha tratado de proyectar en cada una de las líneas de este texto.

Cabría entonces preguntarse si se trata de forma correcta el concepto de humanización cuando, a través de la opinión, se ha utilizado como medio para un determinado fin concreto. De manera que lo único que queda por mostrar es una imagen, un gesto, una difusión en redes sociales en el que se pone el foco equivocadamente sobre un determinado sujeto, un determinado colectivo de profesionales sanitarios o un determinado servicio, haciéndolo visible para así retratarlo y exhibirlo.

Es entonces cuando quizás se esté cayendo en el error de arrojar a las sombras al sujeto sobre el cual debería de residir la esencia de este concepto, la persona cuidada, y por lo tanto se le esté deshumanizándo, y con ello se esté degradando la relación establecida en el binomio persona cuidada y profesional sanitario. Solamente a través de propuestas que no incurran en su olvido se podrá comenzar a hablar de un cuidado humanizado.


7. CONCLUSIONES

Como conclusiones, y tras lo expuesto anteriormente, se aprecia la estrecha e indisociable relación que tiene el Dasein, sus existenciarios y el Sorge en Martin Heidegger. La vida humana, que al fin y al cabo es existencia (tal y como nos enseña la fenomenología), requiere del cuidado, el cual permitirá la apertura al ser del Dasein, y éste a su vez, dará significado a su existencia. Es decir, el Sorge es una manifestación existencial.

Desde una perspectiva en la que la enfermera presta cuidados desde una visión determinada de la persona (y, por lo tanto, ontológica), ésta pasa a formar parte de su "ser-ahí". Por ello, es preciso que el propio profesional se reconozca a sí mismo y su propia existencia, esto es, que tenga conciencia de sí. Únicamente de esta manera lo podrá hacer con la persona a la que cuida en una relación de siendo con el otro (conciencia de la conciencia del otro) y con su mundo. Por lo tanto, se requiere de una relación de alteridad tal y como también propondría el filósofo Lévinas, lo cual, debería de servir como fundamento ético en la práctica (17).

El cuidar de otro debería suponer apertura al Ser, de transformación a lo largo de su proyecto hacia la búsqueda de su propia esencia (que es existencia) y de apertura a las posibilidades.

Esta conceptualización debería ser el foco de un replanteamiento de la asistencia sanitaria, así como del papel de las enfermeras y otros profesionales de la salud del equipo de atención con el paciente, en el que el acto del cuidado humanizado lleve implícito un ejercicio simétrico de coexistencia, acompañamiento y de compromiso con uno mismo y con el otro.

Asimismo y bajo este marco, es fundamental que el profesional sanitario tenga en cuenta la temporalidad para presenciar la realidad de la persona que cuida, retener su pasado que forjó en el hábito de sus acciones de cuidado, lo que le permitirá anticiparse al futuro con el propósito de mantener su vida, promocionar su bienestar y permitir comprender la esencia de su existencia, y/o acompañarle de cara a la muerte y lograr la trascendencia.


BIBLIOGRAFÍA

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  7. San Agustín. Capítulo XXVIII: Confesiones, libro X. Traducción al castellano de Custodio, A. De la World Wide Web: http://www.augustinus.it/spagnolo/confessioni/index2.htm
  8. Santo Tomás. Tomo II, cuestión 94, artículo 2: Suma Teológica. Biblioteca de autores cristianos. Madrid.
  9. Heidegger, M. (1997). Ser y Tiempo. (Rivera J. E. Trad.). Santiago de Chile: Universitaria.
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  14. Fernandes, G., Aparecida, M., Prado, M. F. (2007). "La interface entre la fenomenología y el cuidado de enfermería". Index Enferm, 16 (58), Granada, pp. 55-58
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