ARISTÓTELES EN LOS ORÍGENES DEL NACIMIENTO DE LA ONTOLOGÍA


Sergio Martínez Botija, Jesús Pinto Freyre, Adrián Santamaría Pérez

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RESuMEN

Si la reflexión ontológica pudiera ser de interés para la enfermería, entonces, inevitablemente, su historia ha de serlo también. En este artículo, tratamos de analizar una pequeña parte de la historia de dicha disciplina, concretamente, su origen y el de la mayoría de sus problemáticas, con Aristóteles.

Palabras clave: Enfermería, filosofía

ABSTRACT

If ontological reflection could be of interest to nursing, then, inevitably, its history st also be. In this article, we try to analyze a small part of the history of this discipline, namely, its origin and that of most of its problems, with Aristotle.

Keywords: Nursing, Philosophy, Persons.


Martínez Botija, s. Pinto Freyre, J. Santamaría Pérez, A. EL ARISTÓTELES EN LOS ORÍGENES DEL NACIMIENTO DE LA ONTOLOGÍA. ENE, Revista de Enfermería. v. 10, n. 3, dic 2016. ISSN 1988 - 348X. Disponible en http://ene-enfermeria.org/ojs


1. INTRODUCCIÓN

Se nos pidió abrir esta edición de la revista La ciencia del cuidado con un breve artículo que situase, casi en clave genealógica, los orígenes de la ontología. La tarea es grave y compleja, no sólo por la dificultad de la definición de una disciplina como ésta, dificultad que no depende exclusivamente del grado de cercanía y de competencia que uno tenga con esta palabra; sino también por la longitud y erudición que requiere. Pues, ¿qué es la tarea genealógica y por qué se nos reclama a unos estudiantes de Filosofía el realizarla para una revista de Enfermería? Si la interpretamos como un mero ejercicio historiográfico en que se da una narración del surgimiento de la ontología como se haría con el surgimiento del Imperio romano, entonces parecería poder realizarla cualquiera con el suficiente tiempo y disposición. Pero este no es el caso, ya que la genealogía es un proceso bien distinto que estudia -por decirlo rápido y no alargar la cuestión demasiado-, al menos como Nietzsche lo plantea, el origen, cambio y reproducción de los conceptos y sus sentidos, así como los posibles reflejos que dicho proceso produzca en la cultura (Foucault, 2014). Es por ello que aquí no podremos ni deberemos intentar hacer una genealogía de la ontología, por lo que nos limitaremos a algo más modesto, que es atender a los problemas que la constituyen en sus comienzos. Concretamente, mostraremos muy sumariamente qué es lo que Aristóteles hizo para dar forma a dichos problemas y, con ello, cómo dispone el campo de trabajo de la propia ontología.

Pero antes de comenzar toda esta tarea no podemos evitar preguntarnos qué es lo que les lleva a unos enfermeros y enfermeras a interrogarse por los orígenes de la ontología. Quizás sea, en parte, porque preguntarse por los orígenes de algo sea una de las formas de comprender y de conocer ese algo. Más, si esto es así, ¿por qué querría la enfermería conocer y comprender la ontología? La respuesta primera que a uno o a una se le puede venir a la cabeza es que, en cierto sentido, sea porque puede que estén haciendo ontología. Si no la están haciendo, el interés sería, por el contrario, meramente concupiscente, es decir, un deseo irrefrenable de conocer que les ha conducido, en última instancia, hasta la pregunta por la ontología. Pero, si la enfermería lleva algo consigo, que no sabemos si es un lastre o una bendición (o las dos cosas), es que es eminentemente práctico-pragmática, con lo que resulta inverosímil que se hallen perdiendo el tiempo en un proceso meramente acumulativo de adquisición de conocimiento. Con todo, entonces, debe ser que, aun no realizándola en sus prácticas profesionales genuinas, los enfermeros y las enfermeras están haciendo ontología por lo menos en sus investigaciones. Y la están haciendo conscientemente, ya que, si bien es cierto que toda investigación sobre algo del mundo, por el mero hecho de ser sobre ese algo, tiene que partir de una ontología aunque sea como presupuesto; es necesario reconocerse partiendo de esa ontología -o haciéndola- para que pueda instanciarse la pregunta por ella. Pues, podríase afirmar, que hacer ontología no es otra cosa que mirar el mundo de una determinada manera; definir un algo, una parte del mundo sobre la que se van a plantear cuestiones; o, como decimos algunos de los que leemos filosofía, hacer ontología es "cortar el mundo" de una forma determinada. Cabe entonces la pregunta de qué clase de ontología nos proponen los enfermeros y las enfermeras.

Antes de concluir esta introducción podríamos tratar de aventurar o bosquejar juntos la forma de cortar el mundo que podrá exhibir la ciencia de enfermería. Y sí, decimos ciencia, pues es propio de las ciencias el presentar diversas formas de cortar el mundo. Siendo esto así, podríamos pensar que, dado que la ciencia de enfermería está íntimamente ligada al trabajo con el cuerpo humano, está por ello ligada a un determinado estudio del cuerpo humano. Pero hay algo más -no sabemos si más o menos genuino- con lo que está ligada, y es el cuidado. El cuidado determina la forma de cortar el mundo de la enfermería y todos los objetos y procesos que defina en cuanto ciencia, deberían organizarse en torno a y desde la mirada que confiere, en tanto que modo determinado de actuar sobre el mundo. No ha de perder de vista, sin embargo, el hecho de que esta forma de cortar el mundo tiene, como ocurre en el resto de ciencias, una condición tal que hace indesligables mirar y actuar.

Con todo, esperamos que aclarar a grandes rasgos, como aquí se va a hacer, qué sea la ontología cuando nació pueda ayudar a entender la propia actividad ontológica de la ciencia de enfermería. Además, esperamos que el comprender la actividad de esta disciplina llamada "ontología", ofrezca material y rudimentos para aquella tarea.


2. EL ORIGEN DEL VOCABULARIO, LA FORMA DE REFLEXIÓN Y LOS PROBLEMAS DE LA ONTOLOGÍA.

Para poder comprender qué sea eso que llamamos "ontología" hemos de conocer los problemas de los que se encarga, cómo los aborda y algunos de los términos que para ello emplea. Y en este sentido, sucede que el nacimiento de la ontología como disciplina no coincide con el origen de lo que será su tarea. Es, pues, necesario, para que se dé el origen de cualquier forma de pensamiento, el que se dé el planteamiento, aunque sea a un nivel rudimentario, de esos problemas de que se vaya a encargar como condición de posibilidad de una posterior institucionalización de los mismos. Por ello, hemos de hacer un viaje a un mundo extraño y muy distinto al nuestro, del que, sin embargo, nacen las cuestiones que irán configurando la cultura occidental. Hablamos de ese mundo organizado en pequeñas ciudades-estado o πολις, de ese mundo que verá nacer a Alejandro Magno; esto es, de la Hélade en que nacieron Sócrates, Platón y Aristóteles. La Grecia de los siglos V-IV a.C. en que ya había culminado el desarrollo del pensamiento y del arte formal.

Podríamos remitirnos, pues, al que se considera como el momento que supone el acta fundacional de la filosofía occidental que es la muerte de Sócrates y, con ello, tendríamos que apelar a la que Whitehead llamó la obra de la que toda la tradición filosófica es sólo "una nota a pie de página"(Whitehead, 1956). Pero no es en Platón en quien -ni en su filosofía donde- encontraremos algo parecido a la ontología. Aunque sea cierto que él inaugura muchos problemas y da muchas respuestas que siguen vigentes hoy día, la forma en que lo hace no es suficientemente sistemática: podemos encontrar reflexiones de carácter ontológico insertas en obras que van de muy otras cuestiones -la analogía de la caverna en el libro VII de la República es un ejemplo de ello. Además, los términos en los que Platón emprende la resolución de los problemas pueden resultar lejanos y casi debemos emprender una labor de traducción para poder manejarlos en ontología.

Es, entonces, en su discípulo más famoso en quien nos fijaremos para situar el origen del vocabulario, los problemas y la forma de reflexión ontológicos, es decir, en Aristóteles. Sin embargo, no es aquí conveniente dar un repaso general a su figura, ni a su pensamiento. Sólo nos vamos a limitar a dar unas pequeñas consideraciones antes de comenzar el rastreo de este origen.


3. PEQUEÑAS CONSIDERACIONES SOBRE "ARISTÓTELES".

Vamos a hablar de Aristóteles y de su pensamiento, tal como hemos enunciado más arriba, pero conforme lo hacíamos estábamos construyendo una mentira. Como diría un famoso ejemplo repetido en la filosofía del lenguaje del siglo XX, "el Aristóteles que escribió la Metafísica no es el mismo que el que nació en Estagira en el 384 a.C.". Esto puede sonar extraño, pero es una forma muy exacta de describir nuestra relación con Aristóteles y con la Antigüedad clásica en general. Los textos que escribieron estos autores, o bien se han perdido, o bien, si los conservamos, lo hacemos pagando un precio a veces no debidamente asumido. Así, la obra de Aristóteles es fruto de la ordenación que, bajo propio criterio, realizó el bibliotecario de Alejandría, Andrónico de Rodas, en el siglo I d.C. Además, no se trata de cualquier ordenación de la obra general de Aristóteles, sino de sus escritos "esotéricos", que eran apuntes que usaba para dar sus clases en el Liceo. Por lo tanto, se trata, no de libros, sino de artefactos que juntan textos de varios momentos distintos de la vida del pensador macedonio, muchos de ellos con ciertas contradicciones y opiniones enfrentadas. El resto de la obra del estagirita, es decir, la que publicó en forma de diálogo para el público, simplemente se conserva en pequeñas referencias de otros autores, mostrándose de esta forma como si fuera un objeto legendario perdido en la historia. A esto hay que sumar las múltiples traducciones y modificaciones que, desde la cultura árabe primero y, luego, desde la cristiana medieval, alteraron significativamente el contenido de las obras del corpus aristotélico y aumentaron, si cabe, la condición de artefacto que ya se les presumía.

De esta forma, la afirmación según la cual vamos a hablar del pensamiento aristotélico debe ser ahora corregida: vamos a hablar del pensamiento que durante siglos se ha reunido bajo el nombre de "aristotélico". Y decir esto, quiere apuntar a que, en cierto modo, lo que vamos a trazar aquí va a ser también una pequeña traición al gran genio macedonio. Es una necesidad, empero, confesar este crimen, pues cabe el riesgo de que se acaben atribuyendo doctrinas a Aristóteles que quizás no le correspondan a partir de lo que a continuación nos disponemos a exponer.

3.1. Aristóteles, padre del pensamiento ontológico.

Digamos ahora y rápido que Aristóteles es el padre del pensamiento ontológico, luego ya habrá ocasión para desdecirnos. Pero Aristóteles parece también el padre de muchas otras tantas cosas: la psicología, la biología, la zoología, la lógica… ¿Cómo es que puede ser el padre de tantas y tan variadas clases de reflexiones? La respuesta se antoja sencilla, tiene un libro (o artefacto) para cada una de ellas en los que aborda con mayor o menor profusión, acierto y sistematicidad, cada una de esas cuestiones. Entonces, ¿en qué libros encontramos al Aristóteles "ontólogo"? Uno podría pensar que en el libro Metafísica, pero, si se piensa así -como se hizo durante mucho tiempo-, entonces se deja fuera asuntos de gran relevancia para la ontología que el macedonio va a abordar en la Física y en varios de sus libros de Lógica/Órganon (sobre todo en Categorías pertenecientes a los Analíticos primeros). Exploremos, pues, cómo se va a desplegar y exhibir este pensamiento ontológico.

3.1.1. El problema.

Aristóteles no accede a planteamientos ontológicos por pura inspiración, ya que, aun siendo el que inaugura esta clase de reflexión, su forma de llegar a ellos se da como respuesta a uno de los problemas de mayor resonancia de la filosofía antigua. Este problema no es ninguno más extraño que el de explicar qué es el movimiento o, con otras palabras, por qué se mueven las cosas, en un sentido de "movimiento" muy lato (movimiento o cambio va a ser hasta el crecimiento de un árbol). Los primeros pensadores griegos ya se habían topado con esta dificultad en su observación de la naturaleza y, como respuesta, intentaron hallar y formular un principio rector que fuera el origen de todos los movimientos. Dicho principio se denominó "αρχή (arché) y para su caracterización se dieron propuestas de muy diversa naturaleza. Había así quienes lo formularon como agua, fuego o, incluso, lo indeterminado. Otras respuestas pasaron por negar alguno de los miembros del binomio "movimiento-ser".

Aristóteles va a abordarlo de otra manera. Frente a Platón, que tuvo que plantear la existencia de un mundo más real de ideas estáticas, que "caían" en un mundo material dando su forma a la materia (la cual estaba sometida a la generación y la corrupción); el macedonio supuso que ambos principios, el del movimiento y el de la estasis, habían de residir en una misma realidad, un mismo mundo, y aplicarse con la misma propiedad a la misma cosa. Pero, entonces, ¿cómo es que los seres pasan de un principio a otro? Pasan al verse todos sometidos a la interacción causal, todos están movidos a-causa-de y, en su movimiento, son causa-de otros.

Pero esta relación causal es misteriosa, así como el movimiento. Lo que lo hace tan extraño es que en él detectamos que no todo cambia cuando se da el movimiento o el cambio. Hay algo que siempre permanece en todo ese proceso. Tenemos, así, por ejemplo, la experiencia de ver moverse a un automóvil por una carretera o de ver crecer una semilla plantada por nuestras manos. De esta manera, si todo fuera estático, por un lado, el movimiento del coche, o el crecimiento de la semilla, sería sólo una apariencia o una ilusión, como podría haber afirmado Platón. Esto se debe a que, al no existir el movimiento, cualquier cambio tanto en el automóvil, como en la planta, sería más bien un proceso similar, mutatis mutandi, al movimiento aparente que percibimos en la luna cuando nos desplazamos nosotros como observadores. Por otro lado, si todo fuera movimiento, entonces, para cualquier cosa, ya sea el coche o la planta, no habría forma de demostrar y explicar que la cosa a la que nos referimos se trate de la misma una vez ha cambiado o se ha movido, esto es, no tendríamos forma de decir que aquel coche sea el mismo mientras lo vemos desplazarse o que la planta que ha brotado de la semilla que plantamos, tiene algo que ver con esa semilla. Existe, pues, la experiencia de que algo siempre permanece, cuando las cosas se mueven. Es aquí cuando Aristóteles aprovecha para introducir dos términos que, aun existentes en el griego y habiendo sido manejados para resolver esta clase de problemas, son alterados en su sentido, tal que dicha forma de emplearlos devendrá la forma canónica de los mismos en la ontología. Uno de ellos es "ουσία" (ousía) que, traducido a través del latín, quedaría como "substantia" o "substancia". La substancia es aquello que permanece en el cambio y en el movimiento; aquello que posibilita que podamos decir que, por ejemplo, el automóvil que se traslada de A a B es el mismo en todos los momentos del desplazamiento. El otro término es "accidente". Percibimos, pues, que cuando una cosa cambia, lo que cambia son los accidentes y lo que permanece es la substancia. Pero veamos en primer lugar qué nos tiene que decir Aristóteles sobre la substancia.

La elaboración más profusa de Aristóteles sobre la substancia está en el libro de las Categorías. Este libro está dentro de los tratados del Órganon y, aun inaugurando lo que luego se conocerá como lógica predicativa, nos va a proporcionar algunas consideraciones importantes para comprender la metafísica/ontología aristotélica. En él se nos dice que hay dos clases de substancia: substancia primera y substancia segunda. La substancia primera es aquello que no podríamos expresar en un sujeto, pero que tampoco se predica de él. Esto, dicho así, puede resultar un tanto confuso. Pensemos una oración cualquiera, "La nieve es blanca". Dada esta oración, la substancia primera no sería "La nieve", ni se podría predicar de "La nieve" como si puede hacerse con "blanca". Pero, si no podemos representarla en un predicado, ¿qué es? Aristóteles lo dice de forma prístina al caracterizarlo como lo individual, es decir, la nieve tal cual la estamos viendo ahora y dónde la estamos viendo: esa nieve que tenemos ahora en nuestras manos. Pero puede que todavía no quede lo suficientemente claro. Pensemos otra oración, "Darwin, mi perro, tiene once años". Substancia primera no sería "Mi perro Darwin" tal y como aquí aparece expresado, pues a ello puede predicársele, en tanto sujeto, una serie de propiedades como "tiene cuatro patas", "nació en Madrid" o "es de pelaje dorado". Substancia primera sería el perro Darwin tal cual lo estamos aquí viendo: desde la perspectiva, en el lugar y en el instante que lo percibimos. Esto quiere decir que la substancia primera sólo podría ser conocida por ostensión o por su expresión en un nombre genuinamente propio en términos russelianos.

La substancia segunda sería, propiamente, el objeto de nuestro lenguaje y, con ello, el objeto de nuestro saber o ciencia (en sentido griego "ciencia" es ""επιστημή" o "episteme"), ya que, como dice Aristóteles al comienzo de la Metafísica, no es posible hacer ciencia de cosas particulares, sino de lo general. Lo general es aquello de lo que se pueden predicar accidentes en tanto que sujeto de una oración con sentido, esto es, es la substancia segunda. Aunque tal y como lo expresa en Categorías podríamos caracterizarla como aquello que, estando en un sujeto, no se dice de un sujeto. Los ejemplos que hemos dado de ella serían "La nieve" en "La nieve es blanca", o "Mi perro Darwin" en "Darwin, mi perro, tiene once años". Las substancias segundas se pueden subsumir en especies, que a su vez pueden estar agrupadas en géneros. De esta forma, tenemos a Sócrates como individuo que sería una substancia primera o Sócrates en cuanto tal; luego, Sócrates en cuanto hombre que sería una substancia segunda en tanto que especie; y, finalmente, Sócrates en cuanto animal, que sería una substancia segunda en cuanto género.

De las definiciones de substancia primera y substancia segunda podemos extraer la delimitación de lo que serían los accidentes, aunque sea por apelar a una forma negativa de éstas. Se diría, pues, que accidente es lo que pudiendo estar, o no, en un sujeto, se dice necesariamente de él. "Accidente" sería entonces equivalente a "predicado" o a "cualidad" o a "propiedad". Volviendo entonces a los ejemplos que antes dábamos, diríamos que en "La nieve es blanca" el accidente es "blanca". Vemos que se dice de un sujeto, pero también que podría no estar en él: "La nieve blanca se funde en primavera".

Luego veremos más implicaciones de esto, pero volvamos, de momento, al lugar del que partíamos -el movimiento y la causa-, pues no lo hemos explicado suficientemente. ¿Cómo se produce el movimiento, ahora que hemos visto que efectivamente se da? Dijimos que por la causa, pero esto es simplemente cambiar el nombre de "movimiento" por el de "causa". Aristóteles nos va a decir que hay diferentes tipos de causa. Está la causa eficiente, que es el sentido que damos hoy día a esta palabra: el hecho de que a un fenómeno le siga otro dándole así origen "si A, entonces B" o "El impacto de la bola blanca mueve la bola negra". También, hay una causa formal que es la que da razón de que una cosa sea lo que es: "la forma del árbol es causa del árbol". Estrechamente ligada a esta, la causa material, que determina lo que ha de recibir de forma pasiva la forma, por ejemplo, "la causa material de la moneda es el oro". Y, por último, la causa final o teleológica, esto es, aquella que expresa hacia lo que tiende una cosa: "la semilla tiende -como causa final suya- al árbol". Pues bien, con estas clases de causas explica Aristóteles todo movimiento o cambio. Pero es necesario formular los términos comunes a todo movimiento o cambio que participan en él. Así, toda cosa es el resultado de un tránsito de la materia a la forma; con lo que, todo nace o pasa de la nada al todo por el "deseo" que tiene toda materia de actualizarse en una forma concreta: de determinarse. Esto se debe a que la materia es pura potencia, es decir, es tendencia-a. El cambio de esta clase se da, pues -en sentido en que expresa la causa final que es la que más le interesa a Aristóteles- por el "deseo" de toda potencia de actualizarse, por la pulsión de dejar de ser un llegar-a-ser (como, por ejemplo, es un niño) a un ser o entelequia primera o "εντελέχια (un hombre).

3.1.2. Otros aspectos de la ontología aristotélica.

Aristóteles da una respuesta mayor todavía al problema del cambio pero no hay mucho más espacio y hemos querido condensar en líneas muy generales su propuesta, la cual, -dicho sea de paso- será aceptada, casi de forma unánime, para explicar la realidad hasta la física newtoniana. Pero aquí hemos de salirnos un poco del problema del cambio -no lo hemos dicho pero es el problema de la φύσις o physis o naturaleza, es decir, "lo que brota"- y afrontar, en pocas líneas, uno de los gruesos de la ontología aristotélica, para comprender hasta qué punto es Aristóteles el padre del vocabulario y de la problemática ontológica. Así pues, hemos de advertir que uno de los problemas mayores de la ontología (a partir del cual podremos seguir con la cuestión de las substancias que dejábamos antes abierta) y del que intuitivamente podría decirse que se ocupa, es cómo organizar lo que hay. Frente a una primera pregunta ontológica que es "¿qué hay?", que para Aristóteles sería respondida, grosso modo, como «hay substancias fruto del cambio y de la actualización de una potencia o de la "in-formación" de una materia de que se predican unos accidentes»; frente a aquella primera pregunta y su respuesta seguimos encontrándonos con la intuición de que hay una jerarquía o una ordenación en lo real. Aristóteles va a proponer, así, que lo real (que para él no es distinto, por cierto, de los fenómenos o, en sus palabras, sensibles) se organice de acuerdo a sus propiedades esenciales, esto es, se articule en categorías. No las vamos a explicar y sólo vamos a decir que son diez (substancia, cantidad, cualidad, relación, lugar, tiempo, situación, condición, acción y pasión), y que, esta forma -conceptual- de ordenar lo real será un objeto de una amplia discusión a lo largo de la historia de la filosofía y de la ontología (hemos de pensar que toda la "ciencia" que se produce después de Aristóteles está ligada a ellas, como, por ejemplo, la investigación de Ptolomeo) y nos encontraremos, tras el impacto de la física newtoniana, al propio Kant discutiendo en este punto con Aristóteles y rechazando como categorías, por ejemplo, el lugar, la substancia, el tiempo, la acción o la pasión, entre otras.

3.3. Aristóteles a lo largo de la historia.

En los siglos que seguirán a Aristóteles su ontología y su filosofía sufrirán una gran expansión que peligrará, dado que también lo harán sus obras, con la caída del Imperio romano. Serán, como hemos visto, los árabes los que la recuperen y también los primeros que la comenten. Y luego, los autores y profesores medievales los que la investiguen y los que de ella se sirvan para dar una estructura y fundamentación ontológica del cristianismo. Así, vemos a Avicena, a Santo Tomás, a Duns Scoto, a Guillermo de Ockham, que partirán de la ontología aristotélica. Por ejemplo, Santo Tomás recuperará algo que hemos pasado antes por alto porque no es lo genuinamente "ontológico" de la ontología o metafísica aristotélica: recuperará la noción de motor inmóvil de Aristóteles, que es ese del cual se encarga la primera de las ciencias, ese ens realisimum de quien todo es consecuencia, pero que no tiene causa, eso que es todo acto y toda forma sin materia ni potencialidad. Santo Tomás la va a recuperar, y, con ella, casi de forma íntegra, toda la ontología aristotélica, para -entre otras cosas- poder justificar doctrinas cristianas clave, como la existencia de Dios, mediante sus célebres cinco vías.

Aquí no tenemos la oportunidad, dadas las limitaciones de espacio, de ver terminado un proyecto casi genealógico sobre la ontología como disciplina, por lo que nos hemos limitado a ver cómo queda abierto su campo de problemas. Sin embargo, en un texto que saldrá con posterioridad a éste y del que ha sido extraído, se podrá ver, de una forma más completa, cómo se despliega la ontología y su tarea, pasando por los inicios de la Modernidad y viendo cómo quedará y en qué estado a comienzos del siglo XX.


4. CONCLUSIONES: Posibles vías

Aquí no tenemos la oportunidad, dadas las limitaciones de espacio, de ver terminado un proyecto casi genealógico sobre la ontología como disciplina, por lo que nos hemos limitado a ver cómo queda abierto su campo de problemas. Sin embargo, en un texto que saldrá con posterioridad a éste y del que ha sido extraído, se podrá ver, de una forma más completa, cómo se despliega la ontología y su tarea, pasando por los inicios de la Modernidad y viendo cómo quedará y en qué estado a comienzos del siglo XX.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Foucault, M. (2014). Nietzsche, la genealogía, la historia. (J. V. Pérez, Trad.) Valencia: Pre-textos.
  2. Whitehead, A. N. (1956). Proceso y realidad. (J. R. Armengol, Trad.) Buenos Aires: Losada.
  3. Aubenque, P. (2008). El problema del ser en Aristoóteles. (V. Peña, Trad.) Madrid: ESCOLAR Y MAYO.
  4. Martiínez Marzoa, F. (2000). Historia de la filosofií a. Madrid: Ediciones Istmo.
  5. Aristóteles (2014). Metafísica (T. C. Martínez, Trad.) Madrid: Gredos.
  6. Aristóteles (2002). Física (G. R. de Echandía, Trad.) Madrid: Gredos.
  7. Aristóteles (1995). Organon I y II (M. C. Sanmartín, Trad.) Madrid: Gredos.

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